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Solos en la Ciudad, Gran Hermano y Mi Noche Triste.

Mientras comentaba la expresión de @LalaB sobre sus gustos en pintura, recordé una observación que escribió un psicólogo sobre el programa Gran Hermano y la soledad en las ciudades: un oprobio de la modernidad que está por cumplir dos siglos.

"Café Nocturno" es una obra de Vincent van Gogh de 1888, pero quién haya vagado alguna noche de insomnio por Buenos Aires, habrá notado que aún existen bares así: misma fauna nocturna, mismo halo opresivo. El propio Vincent, explica en una carta a su hermano Theo que cambió los colores reales del local -inventó el rojo de la pared y el verde del techo- para lograr un fuerte contraste y así mostrar el ánimo de aquellos noctámbulos, que incluso a pesar de alguna compañia ocasional se sentían y se sabían solos.

Solos en la Ciudad, Gran Hermano y Mi Noche Triste.

Los historiadores dicen que con esa cambio de color local, estaba inventando el expresionismo, pero el fenómeno elegido era bien conocido y sufrido por muchos durante todo el siglo XIX. En el siglo siguiente el fenómeno no paró de crecer, y fue cruzando fronteras y océanos volviéndose recurrente no sólo en pintura y literatura, sino también en la música popular convirtiéndose en un tema típico del jazz, el tango, y el blues.

Y en nuestro siglo ya es una pandemia: tanto la soledad en la ciudades y como la ley que dice que ambas crecen en relación directamente proporcional. En el siglo XX la frase hecha para describir este fenómeno era: "cada vez más solos y amontonados", en el nuestro se podría decir "cada vez más solos y conectados". De ahí -señalaba este psicólogo en su comentario- que "Gran Hermano" y todos sus clones con más o menos variaciones, sea la contracara de la soledad urbana.

Así estamos: solos o acompañados pero solos, frente a una computadora o similar, espiando a antes conocidos devenidos extraños, hablando con extraños nuevos, cerrados al extraño que tenemos en el departamento de enfrente o en la casa de al lado, y así sucesivamente...

Puede que no sea una observación muy original, pero no por eso deja de ser atendible. Efectivamente eso es lo que está pasando.

Aturdirse con datos de todo tipo, abandonarse a toneladas de entretenimiento chatarra, anestesiarse con drogas (legales o de las otras, lo mismo da) gastar horas por chat con gente que no quiere o no puede encontrarse con uno en el mundo de carne y hueso: son todos síntomas típicos de la pandemia de soledad.

Y quien dude de su alcance, puede mirar el ranking de las "industrias" que más dinero mueven en el planeta y así sacar las propias conclusiones: el narcotráfico, la trata y los psicofármacos.

Nos queda el consuelo que nos da Umberto Eco en "Apocalípticos e Integrados", un ensayo que ya tiene unos cuantas décadas encima pero todavía actual. Ahí dice que cuando aparece un nuevo medio de comunicación, como fue en su momento la fotografía, la radio, el cine y la televisión, se genera un efecto dicotómico: o se está a favor, o se está en contra. El nuevo medio genera nuevas interacciones sociales que operan grandes cambios en las tradiciones, los valores, y la cultura en general.

Así se forman dos grupos -dice Eco- los que festajan que la novedad es la salvación de la humanidad y los que lamentan que sea la antesala de su decadencia.

Desde la imprenta, pasando por la televisión, hasta la era electrónica los críticos de la cultura vienen pronosticando o el salto evolutivo o el apocalipsis... así que -siguiendo a Eco- deberíamos relajarnos un poco y ver que esos cambios típicos de la modernidad, son como una marea que trae de todo un poco, entero o en partes, pero siempre mezclado.

Como sea que fuere, con o sin TV, Internet, Gran Hermano, chat, redes, etc. la soledad o la sensación de soledad -dicen los antropólogos- no es exclusiva de las ciudades modernas, sino que parece haber nacido con la ciudad misma.

Incluso hay textos antiquísimos como la epopeya de Gilgamesh, donde ya se habla de este mismo vacío existencial propio de las grandes urbes. Así que en Uruk, la ciudad más poblada de Asia Menor circa 3000 AC, había gente tan triste y tan sola como la que se queda horas chateando con "contactos" que no conoce, o mirando las peleas guionadas de gran hermano, o mirando gente que mira gente mirando televisión.

¿Mal de muchos, consuelo de tontos?


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Ellos Dijeron 3

  • Un gustazo ver una expresión con contenido y no las mamarrachadas que pone la mayoría, en donde todo versa en relación al sexo y encima, de la manera más simplona y vulgar que pueden. Interesante, informativo, cautivador e inspirador, de lejos la mejor miExpresión que he visto en todo lo que llevo aquí.

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  • Impecable, que lindo cuando se lee algo así interesante, complejo, para reflexionar.
    La verdad que me encantó, deja pensando.

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  • Wow!! Que interesante.
    Muy bien chica!! Esto que he leído fue genial.
    Gracias por compartirlo.

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Ellas Dijeron 1

  • Qué verdades más grandes!
    Ayer hice una vez más la gran Van Gogh y me fui a un bar a tomar cerveza sola (bueno, él tomaría Absynthe supongo jajaj). Me senté en una mesa en la calle, uno: porque estaba con la bici, dos: porque quería fumar. En la zona había muchos bares, así que podía mirar a la gente ir y venir. Y sí, es una gran ciudad. Todos vestidos más o menos iguales, todos peinados más o menos iguales, y varios gestos en las caras más o menos iguales: gestos de conquista y de soledad, gestos de noche en pañales, y gestos de sábado salvador.
    Pero es verdad, más grande la ciudad, más grande la soledad.
    Me gusta igual :)
    No quisiera no vivir en una gran ciudad.

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    • A mi me pasa lo mismo... hace años que amenazo con retirarme a filosofar al "campo" como en el juego de la vida... y me voy un fin de semana a 40 km de la ciudad y ya extraño! En ese lodo de mezclas de la ciudad siempre se encuentra algo valioso. : )

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