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La relación de pareja en su fase inicial

La relación de pareja en su fase inicial

Lamentablemente, son muy pocas las personas que van a consulta psicológica cuando deciden casarse o iniciar una relación de pareja, por lo general acuden cuando el conflicto está en su punto más alto, y muchas son las uniones que terminan a falta de alguna sesión con un verdadero profesional en el área; esto ocurre principalmente debido a que en la fase inicial se producen reacciones bioquímicas que afectan nuestra conducta y percepción, lo que nos hace pensar que jamás el objeto de nuestro amor se irá de nuestras vidas y todo será dicha eterna.

Considero necesario entonces, dar una pequeña revisión a las bases fisiológicas de las relaciones de pareja; sucede que nuestro cerebro produce tres sustancias principales que son las responsables de que nos enamoremos, éstas son: la feniletilamina, dopamina y oxitocina que tienen la capacidad de aumentar la energía física, por esta razón nos sentimos con más fuerza, euforia y vitalidad en las primeras fases del enamoramiento. Percibimos que absolutamente todo es posible siempre y cuando contemos con la compañía de la pareja; algunos pasan las 24 horas del día con los pensamientos puestos en él o ella, vemos belleza donde antes no se percibía, nos identificamos con canciones llenas de emotividad, se espera con impaciencia un mensaje de texto, una llamada que puede durar horas, y algun@s indagan hasta más no poder las redes sociales (facebook, twitter, entre otros) para buscar información sobre aspectos de su vida. Otras bondades de estos compuestos radican en que nos hacen sentir rejuvenecidos y contribuyen de manera significativa con nuestra salud, puesto que fortalece el sistema inmunológico.

La mala noticia es que esta tormenta de hormonas tiene un tiempo de duración de 1 a 2 años, una vez que pasa el encanto inicial muchas personas piensan que ya todo terminó y buscan como niños desesperados la “magia” que sintieron en algún momento y recriminan incansablemente al otro por haberla extinguido, entonces se aventuran a encontrar de nuevo a esa persona ideal que les devolverá las sensaciones vividas, lo que desencadenará una búsqueda neurótica de parejas que les proporcione este cóctel hormonal que produce el cerebro al cual se hacen adictos. Al final, se resignan mientras murmuran entre la decepción y la amargura en conversaciones con amigos(as) y/o en psicoterapia la lapidarias frases como: “el amor no existe”, “tengo mala suerte”, “Los hombres /mujeres de hoy no sirven”, etc.

Por otra parte, en la fase inicial del enamoramiento opera una fuerte proyección (ver en el otro mis expectativas, deseos, anhelos, y que se complete lo que no se concluyó en mi pasado afectivo) que nos vuelve ciegos, es decir, en la primera etapa de la relación no tenemos la capacidad de ver al otro tal cual es, sino como deseamos o nos gustaría que fuese; inconscientemente pretendemos que los conflictos no resueltos que se produjeron en nuestros primeros años de vida encuentren su solución. Dicho de otro modo, esculpimos o modelamos la imagen de la nueva pareja a la medida de nuestras necesidades, en esa persona se reconoce de alguna manera su “capacidad” de llenar los vacios afectivos que sufrimos. Es así, como se presenta ante nosotros, como al sediento en el desierto, el espejismo de nuestras necesidades afectivas completamente resueltas.

Al finalizar esta etapa, la tarea consiste en imprimir un nuevo significado a la relación, donde se re-conoce verdaderamente al otro, aunque ya no nos mueva el piso como antes y a pesar de los defectos que tenga, al verificar que reúne las bondades suficientes, será elegido con mayor conciencia para hacer vida en común a pesar de sus aspectos negativos. Es en este momento que, la relación pasa de ser un inmenso caudal de emociones a una madura decisión que nos lleva a manifestarle, al objeto de nuestro amor, algo como: “Te acepto con tu historia y la de tus ancestros, con tus heridas, relaciones anteriores, hijos, sueños, virtudes, valores, cosmovisión, miedos, pasado… y estoy dispuesto a asumir que somos compañeros de vida, que puedes contar conmigo, que el abandono no es opción, que nuestra relación es como un hijo al cual nutrir y formar… y que te quiero….”

Hasta la próxima entrega.

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  • Yo creo que todos sabemos hasta donde podemos llegar oh hasta que punto nos conocemos, soy de los que piensan que es una perdida de tiempo ir con un psicologo, a que me diga lo que YO mismo se que debo y tengo que hacer para que la relacion funcione. Desde un principio si tu relacion no funciona y si ni tu, ni tu pareja hacen nada por remediarlo, entonces es imposible que una tercera persona lo haga.
    en fiin por esta y muchas razones mas, no creo necesitar la ayuda del experto. ah menos que no quiera hacer las cosas por mi mismo, oh que me guste que me digan lo que se que debo y tengo que hacer xD

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