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Historias de México, ¿quién dijo miedo?

Aaay mis hijoooos

Ese es el famoso y característico grito de esa espectral figura femenina llamada "la llorona", un espíritu condenado a vagar por la tierra en busca de sus hijos, condenada por dios por haberlos ahogado en un río... en realidad abundan versiones de la historia pero esta es una de las más populares, algunas otras dicen que los mató y los arrojó a un río para que nadie encontrara los restos o de plano otros solo dicen que enloqueció cuando dio a luz a su unigénito y lo desmembró para convertirse en indigente y finalmente pasar su vida arrepentida por lo que hizo al finalizar su lapso de locura producto del desprecio de un marinero que la enamoró y después la dejó.

Historias de México, ¿quién dijo miedo?

Mi abuela era amante de historias y nosotros de escucharlas aunque sabíamos que no nos iba a dejar ir hasta que estuvieramos pálidos del susto y también nosotros que ahí vamos de mensos sabiendo que no ibamos a poder dormir bien.

Aquí nos gustan relatos de este corte porque somos supersticiosos, desmadrosos, nos gusta contar lo que nos ha pasado en fiestas, borracheras o en una simple caminata nocturna cuando volvemos a casa después de trabajar o de la escuela. No falta quien haya sentido que le persiguen por las calles amarillentas e incluso escuchar los pasos de un ente invisible que jamás deja de seguir a menos que se pase por una iglesia, el amigo del compadre que escuchó la carreta de la muerte o a la suegra que jura haber visto "algo o a alguien" en la cocina a media noche.

En México tenemos personajes entrañables y aunque nos asustan nunca pueden faltar en fiestas, reuniones familiares o una convivencia informal entre amigos y es que le dan sabor a nuestros encuentros; desde la llorona hasta el charro negro, pasando por la carreta de la muerte desde luego.

Y es que no se necesita mucho para pasar un buen rato entre amigos contando lo que le sucedió a fulano allá en su pueblo o lo que algún tío nos contó que sucedió en algún punto medio perdido de su memoria, solo hace falta un poco de ambiente y que alguien decida abrir la ronda de relatos que a más de uno dejará sugestionado. Si, no gusta el tequila, el picante y el terror para sentirnos vivos aunque sé que en otros países latinos también tienen a sus personajes no menos interesantes como la sayona, el silbón o la patasola.

Por último les dejo un relato escrito por un amigo mío al que se le ocurrió la mala idea de compartirlo con un pseudoescritor (que más bien se la pasa tomando los relatos de otros) pensando en que éste sería legal y nada más usaria el cuento para postearlo en su página de fb pero al final lo iba a imprimir en un libro sin darle crédito a quien en realidad lo escribió, ni modo, eso pasa por andar confiando en las personas...

Roberto y el Charro Negro

Roberto era hermano de mi abuela. Era un joven trabajador pero inquieto, moviéndose alegre, rápido y dicharachero por las empedradas calles de un pueblo pintoresco y lleno de vida....

Era como muchos jóvenes que disfrutaban gastar su dinero enamorando chicas o en el cine, en un bar o jugando dominó con los amigos en alguna casa.

Sus hermanos le advertían lo peligroso que era trasnochar tanto, pero no sólo por lo solitario de las calles sino también por los entes descarnados que deambulaban entre las sombras de aquella ciudad a media luz.

Inventos de gente sin que hacer, tonterías para asustar a los miedosos. De quien se tiene que cuidar uno es de los vivos, decía retador mientras presumía risiblemente unos bíceps más flacos que Agustín Lara.

Esa noche, el buen Roberto se dispuso a cumplir su ritual: baño, cena y a divertirse. Salió de casa alegre y bien acicalado, se bañó en perfume y se untó en la cabellera toda la vaselina que le fue humanamente posible.

Sacando el pecho, de elegante caminar, saludaba y chuleaba a cuanta fémina se le ponía en la mira. Llegó pues a un bar, pidió un tequila y buscaba con la mirada alguna chica para enamorarla.
No tuvo suerte, no consiguió ninguna chica, ni la gordita acosadora le hizo caso esa vez, en cambio se puso una borrachera de proporciones abrumadoras.

Iba el chavalo "con el puro radar", arrastrando los pies pero más que nada la frustración de no tener compañía. Iba pisando la av. México, cantando y maldiciendo su mala suerte. Al llegar a la esquina de México con av. Allende escuchó los cascos de un caballo golpeteando el empedrado de aquel pueblo de los años 40. Volteó hacia atrás pero nada, una niebla espesa le impedía ver más allá de un metro de distancia.

Seguía cantando y caminando, pero su tranquilidad se fue interrumpiendo al seguir escuchando al dichoso caballo que nada más no podía ver ni se le emparejaba. Era como si su sombra ahora hiciera ruido ya que se detuvo y el ruido dejó de escucharse.

Comenzó a caminar y se escuchaba de nuevo el "crack" de los cascos. Se detuvo nuevamente para preguntar -Quién anda ahí? Conteste-. Pero no hubo respuesta alguna.

Las calles estaban quietas, mudas y solas, parecía una tumba gigante, un escenario que helaría la sangre del más valiente. Tito caminaba de nuevo hacía su casa pero dejó de cantar para concentrarse en el ruido del caballo.

Acarició su revolver para estar preparado por si habría que defenderse. Aceleró el paso y el trotar del caballo también lo hacía.

El muchacho volteaba desesperado hacia atrás para ver si lograba ubicar a su perseguidor pero nada. Se paró en seco y giraba sobre sí mismo, volteando a todos lados sin ver ni una silueta.

-Orale cab.. deja de seguirme o dime que quieres, muéstrate, da la cara como hombre, no te escondas pin… maricón!!-

Roberto seguía un poco atarantado por el tequila pero no tanto como para no poder disparar o tirar algún par de golpes.

El chico giró para tomar la ruta a su casa pero se topó de frente con un charro vestido de negro, fornido y alto pero no se le veía el rostro, sólo un par de ojos siniestros de mirada penetrante.

Roberto sacó su revolver pero su victimario le tiró un latigazo en la mano que le hizo tirar el arma y salir corriendo como loco.

Querétaro entre Zapata y Morelos era su salvación, tenía que llegar cuanto antes. El jinete lanzaba carcajadas y latigazos, divertido por la cara de terror del joven Roberto.

-Ayúdenme. Alguien por favor ayúdeme!!-

Nadie atendió a la petición de Roberto, no había ni perros en la calle. El jinete aparecía por un lado y por otro, como si leyera la mente del chavalo. Roberto estaba desesperado cuando alcanzó a llegar a la puerta de su casa, gritó, pateó, arañó las puertas.

Al fin le abrieron y éste estaba pálido, sudoroso y su borrachera se había ido.
Cuentan que lo único que atinó a decir fue "No lo vuelvo a hacer".

Duró una semana con calentura, delirando y hablando acerca de un caballo negro y un charro...

Cuando recuperó el habla le contó todo a sus hermanos, jurándoles que era verdad y que jamás volvería a trasnochar en toda su vida. Sus hermanos se voltearon a ver con cierta complicidad:

-Hermanito, no te asustes pero cuando estuviste postrado, afuera de la casa se escuchaban todas las noches un trote de caballo, desde las 12 de la noche hasta las 6 de la mañana. Nunca vimos nada, sólo era ese ruido y el cura nos dijo que rezáramos para que esa alma en pena se alejara de aquí-.

Espero que les haya gustado :)


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Ellas Dijeron 1

  • yo soy fanatica de este tipo de cosas y a la vez muy cobarde (muy masoquista si) pero la curiosidad me puede! que turbio!! Aca en argentina tambien hay muchas cosas raras y mitos urbanos. Antes solia tener una amiga mexicana con q la compartiamos este tipo de cosas, ella sus creencias y yo las mias y realmente me dejaba helada muchas veces lo parecidas que eran.

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    • p/d: la imagen de la llorona me pone los pelos de punta. Se abra basado en ella la pelicula "mama"?

    • de hecho es de una película pero no sé cuál...

Ellos Dijeron 0

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