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Leyenda mexicana: La calle de la mujer quemada...

Leyenda mexicana: La calle de la mujer quemada...

A mediados del siglo XVI en la ahora 5a. Calle de Jesús María de la capital de la Nueva España, habitaban en una elegante y lujosa casona Don Gonzalo Espinosa de Guevara con su hija Beatriz, españoles llegados de la Villa de Illescas, trayendo gran fortuna que el caballero hispano acrecentó aquí con negocios, minas y encomiendas. Y dícese en viejas crónicas desleídas por los siglos, que si grande era la riqueza de Don Gonzalo, mucho mayor era la hermosura de su hija.

Aquella jovencita de 20 frescos años tenía la silueta exacta, formas ideales de pies a cabeza con las que seducía la vista de los hombres y una personalidad que les embrujaba la mente y el corazón...

Su cabello era una cascada negra que cubría su espalda, dos enormes castañas por ojos, nariz respingada y sus manos parecían curar cualquier tipo de mal, pues con ellas ayudaba a curar enfermos o en ocasiones despojaba su cuello de alguna alhaja para darla a algún humilde que precisaba subsidio.

Era tal el deseo que ella despertaba en los hombres que casi a diario los jóvenes (y no tan jóvenes) provenientes de familiar adineradas y sociopolíticamente bien posicionadas solicitaran la mano de la señorita para convertirla en la flamante y bien sustentada esposa de alguno de estos pretendientes. Ella recibía desde serenatas que duraban horas, flores de todo tipo en enormes arreglos y regalos costosos hasta simples cartas de amor, de esas que escasean últimamente.

A ella no le interesaba casarse por conveniencia, el hombre que la convirtiera en su mujer debía tener más que dinero y poder, ella quería encontrar ese idilio de fantasía que había leído en tantos libros y escuchado tantas veces de la boca de su nana o de alguna de las mucamas quienes gustaban mucho de presumirle lo fantástico que era encontrar la otra mitad de su vida.

Pues como no hay fecha que no se cumpla llegó el día en que apareció el tan deseado futuro esposo ni más ni menos que en Don Martín de Scópoli, Marqués de Piamonte y Franteschelo; se conocieron un día en que él, recién llegado de Italia paseaba por el mercado cuando vio salir de la iglesia a Beatriz, que había ido a ayudar en el comedor del orfanato.

De inmediato comenzaron las miradas en ambas direcciones pero la fémina que era tímida no sostenía por mucho tiempo sus ojos en los de Don Martín, así que a él no le quedó más que acercarse poco a poco a ella, con mucho cuidado como si ella fuese a reventarse como una burbuja de jabón. No pasó mucho antes de que ella sintiera que había al fin comenzado su historia de eterna fantasía al lado de su nuevo novio pero el destino siempre tiende a torcerse y en este caso no fue diferente...

El italiano comenzó a obsesionarse sobremanera con su futura cónyuge, con los celos que despertaban en él con solo pensar que algún otro quisiera competir por ella y arrebatarla de su existencia, por tanto, decidió extremar precauciones pero de un modo enfermizo pues determinó acabar con la competencia derramando sangre en el proceso.

Una mañana amaneció el cadáver de un hombre justo al pie de la ventana del cuarto de Beatriz, la muchedumbre que rodeaba el cuerpo estaba extrañada pero no asustada, pensaron que quizá había muerto en algún pleito de borrachos o algo similar pues el occiso era conocido como un fanático de la bebida. Sin embargo, al día siguiente apareció otro muerto apenas un par de metros adelante del primer finado, a este le siguieron varios más en lo días siguientes.

Las empedradas calles sangraban todas las mañanas y esto tenía aterrorizado a todo el barrio, a cierta hora las personas se encerraban y nadie se atrevía a salir, se habían enviado a algunos guardias del órden para descubrir al asesino pero fue inútil, este era muy hábil y durante unos días todo volvió a la calma. Cuando dejaron de aparecerse los vigilantes, Don Martín volvió a las andadas pero esta vez fue descubierto por un caballero que había sido contratado por Don Gonzalo para proteger a su hija del maniático que en cualquier momento podría intentar atacar su casa o a su hija sin imaginar que el enemigo era su casi yerno.

Al enterarse de esto, Beatriz tomó una decisión desesperada para detener la locura de su novio, consiguió un brazero y carbón, encendió el fuego y cuando las hullas ardían se armó de valor y hundió su rostro en la lumbre. Los gritos de dolor alarmaron a todos en su casa, no hubo sirviente que no fuera a ver que había sucedido.

Beatriz pensó que si ella se desfiguraba la cara su prometido dejaría de quererla y por tanto, dejaría de asesinar. Con la cara vendada y el dolor de las quemaduras permanecía en cama reflexionando, cuando llegó su pareja a pedirle perdón por haberse dejado enfermar por los celos y a pedirle matrimonio una vez más pues si bien el amaba la figura de la fémina, también estaba enamorado de ella por su forma de ser, por su interior.

Por ridículo que suene la pareja se casó y se mantuvo en secreto al autor de los asesinatos, ella cubría su rostro con un velo negro cuando salía de su casa, desde entonces a la calle donde se encontraba su casa le llamaron "la calle de la quemada", hoy hoy 5a. Calle de Jesús María.


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Ellas Dijeron 2

  • Cuando leía pensé que era de algo sobrenatural pero no jaja, buena historia me entretuvo un rato

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  • Y si ella se hubiese negado al matrimonio? La habría matado? Jo, nunca lo sabremos 😢😢

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Ellos Dijeron 1

  • Muy buen historia

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